¿De dónde he venido?
Mi origen, esquivo, nunca se ha atrevido a mostrarse ante mí,
y han sido muchas las noches en las que he necesitado una revelación.
Me he permitido entender la química de los sueño,
y entender que no hay más posibilidades cuando las luces están apagadas.
He intentado volarme los sesos con literatura.
Futuro. ¿Quién eres?
Te muestras gris, tímidamente pobre de ideas,
no nos dices a dónde iremos, no nos quieres ver vivos.
Quiero saber cómo son las luces que pueblan mi ciudad,
quiero formar parte de ella, disolverme en su esencia, bailar para ella.
Creo que en el océano más profundo las luces se apagan para siempre,
es allí donde encuentran su muerte, y es allí donde yo debo encontrar la mía.
Podré entonces, quizá, en una suerte de acontecimientos, librarme de mi destino,
invariable, mezquino, caminando hacia mí con pasos desgarbados.
Quiero creer que esto no es más que un sueño, que todos podemos de huir,
aunque solo sea por una vez, por una palabra, por una mirada.
Las intenciones se muestran ocultas mientras nos preguntamos quiénes somos,
a dónde vamos, de dónde vinimos, dónde estamos ahora mismo.
Todos sufriremos alguna vez nuestras propias consecuencias,
y yo creo en mis palabras, las doy forma, las dejo vivir y las mato.
¿Son eso nubes negras, las que se forman alrededor de mi cabeza?
¿O quizá no sean más que buitres acechando mi último aliento?
¿Son esos aullidos reales?¿Son esas huellas las mías?
Este camino que sigo no tiene pautas, no tiene destino,
no son más que pisadas que otros dieron antes que yo, me limito a seguirlas,
a seguirlas hasta el fin de un mundo insostenible.
Quiero ser impresionista de sensaciones, un artista sin lienzo ni emociones.
Un sombrero de copa roto, vacío de esperanzas, vacío, inerte.
Cuando las luces están apagadas solo hay cabida para el error.
¿Puedo hacerlo mejor, con las luces encendidas, puedo intentar hacerlo mejor?
Creo en ello, lo quiero, no ceso en mi lucha contra estas mordazas,
que, invisibles, me quitan el último suspiro, me lo roban, me lo impiden.
Cuando es de día las ratas se esconden, ocultas en un submundo,
que es tan real como tú y como yo, como todos, como aquellas criaturas,
que coinciden en esquinas, en parques, en banquetes de boda.
¿Dónde está el director de esta gran película?
¿Dónde está el revulsivo que dará un gran giro al guión?
Imitaré los modelos nauseabundos de la sociedad,
con la esperanza de que algún día, cuando salga el sol, haya desaparecido.
El amargo olor a vino de la mentira me embriaga,
sabedor de mis embustes, conocedor de mis enquistes.
Veo necesario que el motor vuelva a ponerse en marcha,
que las neuronas tomen el control de todas esas vidas sin sentido,
que les un vuelco a los corazones, y una oportunidad a las almas.
Porque antes de que muera, quiero poder decir, orgulloso,
que confié en la humanidad, que confié en mí mismo y en mis manos.
Que vi erigirse edificios tan altos que rozaban el cielo,
que vi asfaltar los caminos que una vez no pude tomar.
No es necesaria la ruina y los cuerpos destrozados, las mentes desquiciadas,
los ojos ciegos de ira, los árboles astillados por el dolor.
¿Qué es eso a lo que tú llamas volar?
¿Qué es eso a lo que tú llamas amar?
¿Qué es eso a lo que tú llamas valentía?
Dedicaré mis palabras a los principios de la humanidad,
a las olas que se separan en la costa y revientan contra las rocas.
Escucharé los violines que anunciarán la llegada del nuevo año,
mientras el sol, exultante, volverá a reinar en nuestras vidas.
La infancia se pierde entre las calles, la inocencia muere prontamente,
y no es una buena dolencia, no es un pálpito, es una mala suerte.
En la casa de las cartas el puzzle vuelve a encajar, la última ficha vuelve a jugar,
son resistentes los andamios que la sujetan, fuertes como el acero.
Y de acero forjaré mi conocimiento, y entre aviones observaré el aislamiento,
de las luces apagadas, de los errores cometidos, de las mentiras encajadas.
Y las risas se agotarán de cansancio, quizá no volviendo a despertar,
de aquel sueño en el que, inconscientes, han caído.
Olvidado por el azar, me haré un hueco entre la brisa y la arena,
y con paso firme, e ideas oxidadas, me abriré paso hacia el mar.
Y en el océano más profundo, ahí, en lo profundo,
ahí, rodeado del azul marino, hallaré mi final.