-I think I'm depressed.
-No, you're only bored.
Puedes gritarme, si quieres, claro,
porque bajo la lluvia todo vale ¿no?
Porque bajo la lluvia todo es agua, porque bajo el cemento nada es nada.
Y la nada no es el todo que ni tú ni yo buscamos,
quizá creas que es muy fácil contestar al ladrido con otro ladrido,
seguramente lo sea, más difícil es callar, tragar saliva,
hacerte un nudo en la lengua, del que nadie pueda tirar.
Ahogar al propio aire en un suspiro, reventar ventanas con solo un pestañeo,
sentir el bajo pegado al corazón,
sentir tus pulmones bailar con la ventisca,
sentir el frío en las manos mientras caminas hacia aquel lugar, ese,
el que no tiene nombre, ni ubicación, al que vas todas las mañanas.
Del que nunca vuelves.
Del que nunca has vuelto.
Y creerás que las lágrimas son fáciles de secar,
¿Y un río?
¿Quizá un manantial?
Pienso que nunca me he parado a pensar, creo que nunca me he planteado creer,
he crecido al compás de mis pasos, al compás de la voz en off de mi película.
Sí. O no. Quién sabe.
Las tiritas se despegan, como aquellos aviones en las largas pistas,
surcan los aires, dejan estela, como tu pasos al caer la noche del otoño,
las huellas que trato de seguir y que el viento se esfuerza por borrar.
Borrar como si desaparecer fuera una opción, como si escapar fuera posible,
como si respirar fuera voluntario, como si pensar fuera obligatorio.
No sé quién soy.
¿Tú lo sabes?
Aclárame, la duda, dame un nombre,
anótalo en mi brazo, no quiero que se me olvide,
no quiero que explote en mi boca como el sol contra el asfalto.
Tú me entiendes ¿no?
Creo que sabes por dónde voy.
Pero no hacia dónde voy.
Ni de dónde vengo.
Tengo vértigo a mi propio pensamiento, en sitios verdes, en colinas de humo,
en colillas de muerte, en la muerte del vértigo.
Dónde está mi ataúd, creí haberlo fabricado.
Lo hacemos con cada una de nuestras decisiones ¿sabes?
Creo que esta noche sólo soy un loco más,
y las farolas parecen la luna, y la luna ya no existe, se la llevó el viento,
se llevó el amor de una ciudad inexistente, se llevó la palabra amor.
La palabra que se llevó el viento ya no puede ser mencionada,
ni siquiera recordada, se ha ido, ha desaparecido, ha seguido tus huellas,
hacia ese paraíso sombrío, hacia esa azotea que se balancea en tus pestañas.
Suenan violines en tu ausencia, luce aquel faro al otro lado del mundo,
bate sus alas la mariposa, y yo espero aquí sentado a que llegue el huracán,
con suerte mi cuerpo caerá en otro continente, quizá en ese al que te has marchado.
Siempre pensé que viniste de otro planeta.
Ahora comprendo que el del otro planeta era yo, el marciano que no entendía tu idioma,
el extraño que no descifraba tus labios,
el fanático de las letras que nunca aprendió a leer.
Pensarás que es precioso, que la aurora nos espera en el negro cielo,
pero no hay nada de bello en el universo paralelo al que me he visto ligado,
ni a sus luces, ni a su oscuridad, ni a sus aceras, ni a sus nevadas.
Sus tormentas eran perfectas, eléctricas,
eclécticas,
tan fuertes que parecía convertirse en terremoto
cada que vez que arañaba mi espalda.
Por qué mentir, por qué no ser franco,
las palabras son como balas, pero yo ya me he agenciado mi propia armadura,
esa que ha resistido a mil y un disparos,
esa que se rompe con sólo verte llorar.