13 dic 2012

IDEAS.


Jueves, XIII-XII-MMXII

Hoy he descubierto que todos mis compañeros de clase en la universidad son futuros competidores en potencia. Bueno, no lo he descubierto hoy literalmente, pues era una idea que llevaba barajándose en mi cabeza durante bastante tiempo, pero no estaba aún macerada, se veía todavía ensombrecida por otras ideas acerca de esa gente. Pero hoy, definitivamente, el hecho ha salido a la luz. De hecho, el hecho es que mis futuros competidores resultan ya serlo. Ha ocurrido en el descanso entre la clase de literatura y la de latín, ese lapso de tiempo que suele variar entre los cinco y los diez minutos, en el que acostumbro – como muchos otros – a salir por la puerta lateral del edificio a fumar un cigarrillo, últimamente acompañado por un compañero que se da un tremendo aire a Jimi Hendrix – y que curiosamente nació el mismo día que él, un dato más aterrador que curioso, debido a su parecido con la estrella maldita – que también es fumador. Solemos hablar de libros, escritores, a veces de música, o de las propias clases de las que acabamos de salir. Hoy, apoyados en la pared acristalada que se encuentra junto a la puerta, mientras saciábamos nuestra hambre de nicotina, me ha confesado su relación de amor-odio con Borges.

9 dic 2012

FRANCIS SCOTT.

Los sueños dorados se le rizaban sobre la frente.

Los mismos sueños dorados que le embriagaban la mente,
que dejaban que fluyera, que hablara por él,
que moviera su mano ágilmente,
y dibujara retazos de historias fantásticas.
Soñaba con magnates, con las noches de verano del este,
con un oeste diferente, con bromas prácticas,
con universitarios llenos de sueños y arte,
con accidentes de coche, con el veneno de las mujeres.
Su sombra se alargaba hacia aquel ocaso,
que nunca se cansó de describir en páginas cargadas de emociones fuertes,
y que luego anexionaba a textos que, por si acaso,
presentaban los personajes como si fueran de su propia fuente.

ERA ALGO MÁS QUE UNA SUPERESTRELLA.

Se dejó empapar por la milésima de segundo en la que transcurrió su pestañeo. Respiró hondo, sin apartar la vista de la ventana abierta. No miraba lo que había fuera, no observaba fijamente el edificio del otro lado de la calle. No movía la mirada del aluminio que formaba el marco de la ventana.
-¿Puedes olerlo?
Él hizo un esfuerzo, inspirando hondamente, esperando encontrarse con un olor agradable, con un olor que le sorprendiera, que se le quedara grabado en la mente, y que cada vez que lo reconociera al volver a olerlo, pudiera decir: Sí, huele a eso. Pero no. No consiguió distinguir ningún olor.
-No - contestó algo decepcionado - ¿El qué?
-El frío. Huele a frío. ¿Nunca has olido el frío? Sólo el frío huele así, como... el frío. No hay otra palabra para designarlo. Huele a frío.
-A frío. - afirmó él, incrédulo.
Ella le miró.

8 dic 2012

EN ESTÉREO.

Tardó mucho tiempo -incluso demasiado, pensaba él- en darse cuenta de que la cinta estaba rota, de que se había enrollado, que se había tergiversado, que había ido degenerando de tal manera que cuando pensó en cómo era la cinta al principio, ni siquiera lo recordaba. En qué momento se rompió la cinta comenzó a ser su parábola personal, su encrucijada más extraña, su doble moral.
-¿Y estás seguro de que era una cinta? - se preguntaba.
-No lo sé. No puedo recordarlo.- se respondía.