Jueves,
XIII-XII-MMXII
Hoy he
descubierto que todos mis compañeros de clase en la universidad son futuros
competidores en potencia. Bueno, no lo he descubierto hoy literalmente, pues
era una idea que llevaba barajándose en mi cabeza durante bastante tiempo, pero
no estaba aún macerada, se veía todavía ensombrecida por otras ideas acerca de
esa gente. Pero hoy, definitivamente, el hecho ha salido a la luz. De hecho, el
hecho es que mis futuros competidores resultan ya serlo. Ha ocurrido en el
descanso entre la clase de literatura y la de latín, ese lapso de tiempo que
suele variar entre los cinco y los diez minutos, en el que acostumbro – como muchos
otros – a salir por la puerta lateral del edificio a fumar un cigarrillo,
últimamente acompañado por un compañero que se da un tremendo aire a Jimi
Hendrix – y que curiosamente nació el mismo día que él, un dato más aterrador
que curioso, debido a su parecido con la estrella maldita – que también es
fumador. Solemos hablar de libros, escritores, a veces de música, o de las
propias clases de las que acabamos de salir. Hoy, apoyados en la pared
acristalada que se encuentra junto a la puerta, mientras saciábamos nuestra
hambre de nicotina, me ha confesado su relación de amor-odio con Borges.
