-Me estoy congelando.
-No creo que tarde mucho más en venir.
-Más le vale que esté llegando. Creía que los pijos eran
puntuales.
-¿Por qué?
-No sé… siempre me parecieron ese tipo de gente que odia llegar
tarde a los sitios y acaba llegando antes de tiempo.
Estaban apoyados en la barandilla que recorría uno de los lados
del río. La medianoche se acercaba y una espesa niebla había comenzado a
condensarse a su alrededor. Jamie llevaba un gorro de lana azul que le cubría
toda la cabeza hasta las cejas.
-Joder -dijo- esta mierda no abriga nada.
-No te quejes -contestó Phil- ojalá yo tuviera uno igual en este
momento…
-Seguramente tu cazadora abrigue más que la mía…
-Ahg, tío, deja de quejarte, estás haciendo que la espera se
vuelva más insoportable aún.
-Si alguna vez llego a ser alcalde o algo así, crearé una ley que
obligue a ser puntuales a los pijos.
-¿Incluso cuando van a pillar hierba? -rió Phil mientras apuraba
el cigarro.
-Incluso cuando van a pillar hierba… Eh, ahí está, viene solo, qué
raro. ¡Eh Jedo! ¿Dónde coño estabas?
Un chaval de estatura baja se acercó a ellos caminando
rápidamente. Se apartó la bufanda de la cara antes de hablar:
-Lo siento, he tenido que acompañar a mi madrea por unos zapa…
-Eh, eh -le interrumpió Phil- no hace falta que nos cuentes tus
mierdas, simplemente acabemos con esto y ya está, hace un frío de la hostia.
Phil sacó de uno de los bolsillos interiores de la cazadora una bolsita
de plástico muy apretada.
-Veinte pavos, tal y como pediste -dijo extendiéndosela al otro
chico, que a su vez le dio dos billetes de diez dólares cada uno- Estupendo,
nos vemos Jedo, llámame cuando quieras más.
Se levantaron de la valla y echaron a andar tras despedirse del
otro chico.
-Aquí tienes -dijo Phil ofreciéndole uno de los billetes a Jamie,
que se lo guardó en el bolsillo.
-Qué tal si vamos a tomarnos algo al… -la sirena de un coche de
policía le interrumpió, ambos se apartaron del camino del parque y dejaron
pasar al coche, que se detuvo unos metros más adelante.
Uno de los policías que iba dentro se bajó del coche y se dirigió
a ellos.
-Buenas noches chicos, quería preguntaros si habías visto por aquí
a un hombre alto con un bolso rojo, nos ha llegado una denuncia de robo por
parte de una chica y según nos han dicho le han visto hace poco por aquí.
Ambos negaron.
-Seguramente el ladrón haya cogido el dinero y algo de valor y
tirara el bolso por algún lado -dijo Jamie- es lo que suele pasar,
El policía asintió mirándole fijamente, les dio las gracias y las
buenas noches y volvió a entrar en el coche.
-¿Por qué has dicho eso? -preguntó Phil una vez se habían ido.
-¿Qué?
-Que por qué les has dicho eso, siempre abres esa boca tuya y
dices algo que está fuera de lugar.
-No estaba fuera de lugar, les he dicho lo que probablemente ha
pasado…
-Ellos ya saben lo que probablemente ha pasado, pero ha parecido
que alguna vez has robado un bolso y lo has tirado tras indagar en su interior.
-Es que lo he hecho.
-Lo sé. Pero no creo que te haga mucha gracia que la policía se
enterara de ello.
-No se enteraron, simplemente intentaba ayudar.
-Pues la próxima que vayas a ayudar no sueltes una gilipollez que
pueda hacer que sospechen de nosotros y nos registren. No quiero que me
registren y me encuentren treinta pavos de hierba dentro de la cazadora ¿Vale?
-Vale, lo siento. ¿Quién es el próximo?
-Tween.
-¿Tween? ¿Tween nos va a pillar treinta pavos?
-Sí, resulta extraño.
-Y que lo digas, jamás pensé que ella pillara, y menos a nosotros,
sabiendo la mierda que solemos pasar.
-Esta mierda que solemos pasar es de lo mejor que te puedes
encontrar en todo Westriver.
-Eso no quiere decir que no sea una mierda. Sigue siendo lo mejor
de lo peor, y no por ello deja de estar en el grupo de lo peor.
-A ti que más te da, mientras nos paguen y no nos metamos en
muchos líos…
-Ya, pero algún día quiero acercarme a Barclays, allí venden el
mejor material de toda la ciudad. Lo único malo es que está a casi hora y media
en autobús.
Salieron del parque y enfilaron una pequeña calle que desembocaba
en una plaza pequeña, donde los vagabundos habían ocupado la mayoría de los
bancos. De vez en cuando había peleas entre ellos por los bancos y la policía
acababa arrestándoles a todos para al día siguiente soltarles, y así casi todos
los fines de semana.
-Aquí es -dijo Phil llamando al telefonillo de un portal.
-¿Vamos a subir?
-Está sola, dijo que nos invitaría a un par.
-De puta madre -sonrió Jamie.
-Pero ha dicho que nada de quedarnos a dormir, que nos echa a
patadas como nos amodorremos.
-Bueno, ningún plan es perfecto.
Una voz femenina sonó a través del auricular preguntando.
-Somos nosotros.
Un sonido metálico indicó que la puerta había sido abierta, los
dos entraron en el portal y desaparecieron de la calle, desierta a esas horas.