El frío empañaba los cristales. Fuera llovía más de lo esperado. Los meteorólogos habían previsto lluvia, sí, pero ligera, nada fuera de lo común en primavera, nada fuera de lo común que aquellas cuatro gotas que a veces se dignaban a caer. Pero a través de la ventana no estaba presenciando la caída de cuatro gotas, si no un diluvio. La calle estaba llena de charcos, y las gotas rebotaban violentamente al chocar contra ellos o contra el asfalto, o el capó de los coches. Un repiqueteo continuo que se veía sonoramente eclipsado por el piano que sonaba en su habitación. Giró la cabeza para observar la espalda de la persona que lo estaba tocando. Una cascada de pelo liso y rubio caía sobre ella, hasta más o menos la cintura, o la cadera, nunca sabía diferenciar bien qué era la cadera y qué la cintura. Sus brazos se movían ligeramente mientras las notas se abalanzaban las unas contras las otras, en una sucesión de melodías que le helaban la sangre. Le había pedido que tocara aquella canción, esa canción en especial, y ella lo había hecho, había buscado la partitura, se la había aprendido los días anteriores, había ensayado a solas en su habitación, y ahora le había citado para tocarle la canción. Y sonaba perfecta.
29 nov 2012
CHILDHOOD.
El frío empañaba los cristales. Fuera llovía más de lo esperado. Los meteorólogos habían previsto lluvia, sí, pero ligera, nada fuera de lo común en primavera, nada fuera de lo común que aquellas cuatro gotas que a veces se dignaban a caer. Pero a través de la ventana no estaba presenciando la caída de cuatro gotas, si no un diluvio. La calle estaba llena de charcos, y las gotas rebotaban violentamente al chocar contra ellos o contra el asfalto, o el capó de los coches. Un repiqueteo continuo que se veía sonoramente eclipsado por el piano que sonaba en su habitación. Giró la cabeza para observar la espalda de la persona que lo estaba tocando. Una cascada de pelo liso y rubio caía sobre ella, hasta más o menos la cintura, o la cadera, nunca sabía diferenciar bien qué era la cadera y qué la cintura. Sus brazos se movían ligeramente mientras las notas se abalanzaban las unas contras las otras, en una sucesión de melodías que le helaban la sangre. Le había pedido que tocara aquella canción, esa canción en especial, y ella lo había hecho, había buscado la partitura, se la había aprendido los días anteriores, había ensayado a solas en su habitación, y ahora le había citado para tocarle la canción. Y sonaba perfecta.
28 nov 2012
JULIANA (RELATO).
Yo nací en el año 1978, en el blanco y grande estado de Juliana, lo llamaban blanco y grande no sé muy
bien por qué, porque Juliana era de todo menos grande y blanco. Quizá grande
sí, bueno, no estoy muy seguro, porque nunca me dio por explorar cuáles eran
sus límites en todas direcciones, yo siempre iba al norte, si la brújula que mi
padre me regaló no fallaba. Se supone que esa brújula no podía fallar, era la
brújula infalible, me lo dijo mi Padre Esta brújula es la brújula infalible, me lo
dijo tu abuelo, y a tu abuelo se lo dijo su padre, y al padre de tu abuelo se
lo dijo un borracho que se la dio tras comentarle que era la brújula infalible,
un tesoro, tan infalible como valiosa, o eso creo. En la época del padre de
mi abuelo, o del padre del padre de mi padre, según cómo quiera decirse, los
borrachos eran los hombres sabios, los más lúcidos pensadores de toda Juliana.
Ahora los borrachos prácticamente se han extinguido, borrachos según el uso de
la palabra en la época del padre de mi abuelo, porque ahora llamamos borrachos
a los viejos sucios que dormitan en callejuelas estrechas, con sombreros de
paja y una botella de ron bajo el brazo como únicas pertenencias. Juliana quizá
podía ser grande, como he dicho nunca lo he comprobado, quizá algún día lo
haga, pero los límites del estado son muy peligrosos, son asesinos, no se puede
salir de Juliana, una vez entras, entras para siempre. Una vez llegas aquí no
puedes volver al lugar de dónde has venido, y a medida que pasa el tiempo
acabas olvidando de dónde viniste, acabas pensando que naciste en Juliana.
Juliana era de todo menos grande y blanca, grande no sé, pero blanca desde
luego no.
22 nov 2012
Modus Operandi.
El
viento, no contento con agitar las hojas de las palmeras y los toldos, le
desordenaba el pelo castaño a la chica, lo que, a ojos del chico, la hacía
mucho más atractiva de lo que para él ya era. Miró sus labios una vez más, y
eran tal y como los había memorizado. Finos, rosados, parecían llamarle. Pero
él no respondía a la llamada, le bastaba con mirarlos y cerciorarse de que no
se habían ido aún.
El
mar no estaba tan revuelto como debiera estarlo con aquel vendaval que estaba azotando
el paseo marítimo de Barcelona.
Por
mucho que intentaba taparse la cabeza con la capucha de la sudadera azul, el
viento se la arrebataba, como suplicándole continuamente que dejara de luchar
contra él, que le dejara entrar en su vida. Pero el viento no entiende de
metáforas, ni de figuras retóricas en general.
Ella
había desistido rato antes de encenderse un cigarrillo, empeñado el mismo
viento atrevido en que la llama del mechero no dispusiera de más de medio
segundo de vida.
Que
por qué estaban allí.
Él
no lo sabía exactamente. Sabía que estaba en la playa, que tenía la arena a
medio metro, y a ella a dos, caminando hacia ningún lado. No se acercaba a
ella, se limitaba a andar al mismo ritmo, manteniendo la distancia, como si el
hecho de acercarse medio paso a su acompañante fuera un error.
6 nov 2012
The wind cries Mary.
"El paisaje en el Café Hendrix es el habitual. Grandes nubes de alcohol flotan en el aire. Vapores emanados de los infiernos virtuales se mezclan con el aliento de los espíritus ebrios que entran y salen del local. Jesucristo, allí, predica frente a un retrato de Stalin. Brian Jones bebe su brandy y sueña sinfonías de flautas marroquíes. Nietszche y Wagner juegan a los dados, y Sid besa a Nancy. Jimi rasguea la guitarra y a sus ensoñaciones viene la figura de aquel amigo, Joe...
<<Hey, Joe - dice Jimi -, ¿dónde vas con una pistola en la mano?>>
<<Mi chica se ha liado con otro hombre. Voy a matarla>> - responde Joe.
<<Hey, Joe - dice Jimi - ¿dónde irás ahora?>>
<<Cre que en el sur no me conocen. Iré a México>>
<<Hey, Joe - dice Jimi - ¿por qué?>>
Pero Joe ya está muy lejos...
Jimi rasguea su guitarra y escucha una voz que le pregunta: <<¿Por qué el blues tiene siempre nombre de mujer que te abandona?>>
John Lennon acaba de entrar..."
<<Hey, Joe - dice Jimi -, ¿dónde vas con una pistola en la mano?>>
<<Mi chica se ha liado con otro hombre. Voy a matarla>> - responde Joe.
<<Hey, Joe - dice Jimi - ¿dónde irás ahora?>>
<<Cre que en el sur no me conocen. Iré a México>>
<<Hey, Joe - dice Jimi - ¿por qué?>>
Pero Joe ya está muy lejos...
Jimi rasguea su guitarra y escucha una voz que le pregunta: <<¿Por qué el blues tiene siempre nombre de mujer que te abandona?>>
John Lennon acaba de entrar..."
M. Muniesa. "Jimi Hendrix".
2 nov 2012
Gettysburg.
Arropo las punzadas de dolor,
las lágrimas cruzadas que caen a un pozo sin fondo,
arroyo el sentido común, lo condeno a prisión,
me condeno a mí mismo, con ataduras y nihilismo,
con meteduras de pata archivadas en un historial imborrable.
Joder. Eres inefable.
Eres el tumulto, el griterío, el silencio del olvido,
el carraspeo, el humo entre mis dedos, las voces del pasado,
el foco de lo insulso, la épica del futuro.
las lágrimas cruzadas que caen a un pozo sin fondo,
arroyo el sentido común, lo condeno a prisión,
me condeno a mí mismo, con ataduras y nihilismo,
con meteduras de pata archivadas en un historial imborrable.
Joder. Eres inefable.
Eres el tumulto, el griterío, el silencio del olvido,
el carraspeo, el humo entre mis dedos, las voces del pasado,
el foco de lo insulso, la épica del futuro.

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