24 jun 2012

Westriver.


-Me estoy congelando.
-No creo que tarde mucho más en venir.
-Más le vale que esté llegando. Creía que los pijos eran puntuales.
-¿Por qué?
-No sé… siempre me parecieron ese tipo de gente que odia llegar tarde a los sitios y acaba llegando antes de tiempo.
Estaban apoyados en la barandilla que recorría uno de los lados del río. La medianoche se acercaba y una espesa niebla había comenzado a condensarse a su alrededor. Jamie llevaba un gorro de lana azul que le cubría toda la cabeza hasta las cejas.
-Joder -dijo- esta mierda no abriga nada.
-No te quejes -contestó Phil- ojalá yo tuviera uno igual en este momento…
-Seguramente tu cazadora abrigue más que la mía…
-Ahg, tío, deja de quejarte, estás haciendo que la espera se vuelva más insoportable aún.
-Si alguna vez llego a ser alcalde o algo así, crearé una ley que obligue a ser puntuales a los pijos.
-¿Incluso cuando van a pillar hierba? -rió Phil mientras apuraba el cigarro.
-Incluso cuando van a pillar hierba… Eh, ahí está, viene solo, qué raro. ¡Eh Jedo! ¿Dónde coño estabas?
Un chaval de estatura baja se acercó a ellos caminando rápidamente. Se apartó la bufanda de la cara antes de hablar:
-Lo siento, he tenido que acompañar a mi madrea por unos zapa…
-Eh, eh -le interrumpió Phil- no hace falta que nos cuentes tus mierdas, simplemente acabemos con esto y ya está, hace un frío de la hostia.
Phil sacó de uno de los bolsillos interiores de la cazadora una bolsita de plástico muy apretada.
-Veinte pavos, tal y como pediste -dijo extendiéndosela al otro chico, que a su vez le dio dos billetes de diez dólares cada uno- Estupendo, nos vemos Jedo, llámame cuando quieras más.
Se levantaron de la valla y echaron a andar tras despedirse del otro chico.
-Aquí tienes -dijo Phil ofreciéndole uno de los billetes a Jamie, que se lo guardó en el bolsillo.
-Qué tal si vamos a tomarnos algo al… -la sirena de un coche de policía le interrumpió, ambos se apartaron del camino del parque y dejaron pasar al coche, que se detuvo unos metros más adelante.
Uno de los policías que iba dentro se bajó del coche y se dirigió a ellos.
-Buenas noches chicos, quería preguntaros si habías visto por aquí a un hombre alto con un bolso rojo, nos ha llegado una denuncia de robo por parte de una chica y según nos han dicho le han visto hace poco por aquí.
Ambos negaron.
-Seguramente el ladrón haya cogido el dinero y algo de valor y tirara el bolso por algún lado -dijo Jamie- es lo que suele pasar,
El policía asintió mirándole fijamente, les dio las gracias y las buenas noches y volvió a entrar en el coche.
-¿Por qué has dicho eso? -preguntó Phil una vez se habían ido.
-¿Qué?
-Que por qué les has dicho eso, siempre abres esa boca tuya y dices algo que está fuera de lugar.
-No estaba fuera de lugar, les he dicho lo que probablemente ha pasado…
-Ellos ya saben lo que probablemente ha pasado, pero ha parecido que alguna vez has robado un bolso y lo has tirado tras indagar en su interior.
-Es que lo he hecho.
-Lo sé. Pero no creo que te haga mucha gracia que la policía se enterara de ello.
-No se enteraron, simplemente intentaba ayudar.
-Pues la próxima que vayas a ayudar no sueltes una gilipollez que pueda hacer que sospechen de nosotros y nos registren. No quiero que me registren y me encuentren treinta pavos de hierba dentro de la cazadora ¿Vale?
-Vale, lo siento. ¿Quién es el próximo?
-Tween.
-¿Tween? ¿Tween nos va a pillar treinta pavos?
-Sí, resulta extraño.
-Y que lo digas, jamás pensé que ella pillara, y menos a nosotros, sabiendo la mierda que solemos pasar.
-Esta mierda que solemos pasar es de lo mejor que te puedes encontrar en todo Westriver.
-Eso no quiere decir que no sea una mierda. Sigue siendo lo mejor de lo peor, y no por ello deja de estar en el grupo de lo peor.
-A ti que más te da, mientras nos paguen y no nos metamos en muchos líos…
-Ya, pero algún día quiero acercarme a Barclays, allí venden el mejor material de toda la ciudad. Lo único malo es que está a casi hora y media en autobús.
Salieron del parque y enfilaron una pequeña calle que desembocaba en una plaza pequeña, donde los vagabundos habían ocupado la mayoría de los bancos. De vez en cuando había peleas entre ellos por los bancos y la policía acababa arrestándoles a todos para al día siguiente soltarles, y así casi todos los fines de semana.
-Aquí es -dijo Phil llamando al telefonillo de un portal.
-¿Vamos a subir?
-Está sola, dijo que nos invitaría a un par.
-De puta madre -sonrió Jamie.
-Pero ha dicho que nada de quedarnos a dormir, que nos echa a patadas como nos amodorremos.
-Bueno, ningún plan es perfecto.
Una voz femenina sonó a través del auricular preguntando.
-Somos nosotros.
Un sonido metálico indicó que la puerta había sido abierta, los dos entraron en el portal y desaparecieron de la calle, desierta a esas horas.