La llamaré mañana, hoy se me hizo tarde.
Esta forma tan cobarde de no decirnos que no.
Podría ser que mañana reclamaras tus derecho
a seguir soñando, a nunca despertar,
cuando en este pasillo tan estrecho
ni siquiera hay hueco para tu mirar.
Esos ojos verdes que me intuyen,
esas lágrimas rojas como el coral,
las hojas ralas del espino palidecen,
han encontrado muerto al del séptimo en el portal.
Una puñalada en el pecho, víctimas
de un orgullo fraternal,
ni retrocedas ni des un paso más,
que las negras nubes dibujen nuestro final.
Que si no he sido, no fui ni puedo ser,
que no he entrado en ese cielo,
y a través de su barrotes, la desdicha puedo ver.
Que no he mentido más que tú,
ni he matado algún cobarde,
ni he provocado este alud.
Ahora que las mentiras tienen eco,
y el llanto plateado inunda el salón,
quiero ser pardo como un rebeco,
y subir al entrepiso, visitar al rey Salomón.
Ni es virtud, ni vicio,
ni es malicia, ni salud,
esta entrada no tiene quicio,
¿Ya vuelve aquel alud?
Hemos cerrado por derribo.
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