Era día trece, en martes cayendo.
Viciado por el humo el aire de mi habitación.
No di cuenta de que afuera estaba lloviendo,
tampoco del entrecortar de mi respiración.
Y fue el encuentro a las puertas del teatro,
en plena calle Gran Vía, una rubia con un bolso rojo.
No había tenido un buen día, de ahí que paseara un rato,
cuando a aquella preciosidad le eché el ojo.
"Buenas tardes - le dije - si es que aún pueden ser buenas"
Pero ella me mandó a paseo (no sin razón).
Intenté decir alguna frase halagüeña,
pero acabé el día recomponiendo mi roto corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario