Existen cosas inexorables ¿no? O sea, cosas, sucesos, reacciones, palabras, gestos, miradas... que son inherentes a la condición humana. Pero, por qué son inexorables. Quién ha dicho que son inexorables. Quién fue el primero en reírse inocentemente al escuchar algo graciosísimo, quién fue el primero en lanzar una mirada de acritud al recibir quejas sin sentido alguno. No hay respuesta. Porque ciertos rangos son I-N-E-X-O-R-A-B-L-E-S. Siempre me caracterizo por mis quejas hacia la sociedad y sus múltiples disfraces. Pero hoy no, hoy he encontrado un tema en el que exculpo a la sociedad. Porque hay cosas que no hace faltan que nos enseñen. Porque la evolución no implica enseñanza, sino aprendizaje. No me refiero a trivialidades, no. No me refiero al conocimiento, no.
Me refiero a la condición humana.
Porque, ¿acaso hay algo más bonito que la condición humana? Eso que ni nace ni se crea ni se destruye. Efectivamente, solo se transforma. Y es algo precioso, algo que no está manchado aún por las redes de lo que nos rodea: el mundo, la sociedad. El ser humano tiene condición humana (lógicamente, no es que haya descubierto América para realizar esta afirmación), y no necesita de antecedentes históricos ni culturales para tenerla. El ser humano es violento por naturaleza. Es na sentencia algo grotesca y fuerte, quizá mejor variarla un poco: el ser humano es agresivo por naturaleza. Vaya, no deja de ser chocante, seguro que podemos escoger variantes mejores: el ser humano se defiende por naturaleza. Eso es, así sí. Y la defensa implica ataque. Pues si no existiera el ataque no se hubiera dado lugar la defensa. Como bien dijeron, el mejor ataque es una buena defensa. Y es una de las frases más extraordinarias que se han podido pronunciar, la pura razón, la máxima de cualquier competición. Porque, claro, la vida es una competición, y el que no quiere verlo, es porque prefiere ser ciego, porque prefiere vivir una ilusión a confrontar la realidad y tratar de vencerla.
Se achaca a la guerra (antecedente histórico y cultural) la violencia del hombre. Pero no, la guerra no convierte al hombre en violento, porque eso viene dado en nuestra naturaleza. Somos violentos, agresivos. No violentos en un sentido de estar continuamente hiriendo de muerte a los demás, ni atacándolos. Pero por fin llego al ejemplo que quería exponer: un niño de tres años, que todavía no conoce nada más allá de las necesidades vitales y los juguetes y "mamá, papá", pega a otro niño. No se puede achacar a la guerra este acto. El niño no sabe lo que es la guerra, no ha aprendido a guerrear (por así decirlo). De modo que, ahí tenemos la condición humana, el hecho de que no podemos culpar a la sociedad y a la historia de cualquier cosa.
Al fin y al cabo, tanto la sociedad como la historia tiene capítulos perfectos y heroicos que son capaces de hacer sombra a los más negros y nauseabundos a pesar de encontrarse en una minoría clamorosa.
Punto y coma (postdata). La condición humana.
Punto y final (postdata número dos). Oryol significa águila en ruso, un nombre tremendamente bonito.
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